IMPORTANTE PONENCIA DE NUESTRO PRESIDENTE

En la vertiente científica del II Festival Urban-Vegan celebrado los días 20 a 22 de Julio D. Helio Núñez, Presidente de nuestra Asociación, ha colaborado con la ponencia titulada: ”Los Dispensarios y Oasis marinos: bases teóricas y experiencias solucionadoras del hambre, ingresos y salud de pueblos marginados”.

La ponencia iba especialmente dirigida a ONGDs sobre todo en estos momentos en que han descendido drásticamente los presupuestos de Ayuda al Desarrollo. Las ideas y realizaciones que especialmente en América Latina se están desarrollando, pueden ayudar a que pueblos ribereños con recursos escasos o afectados por terremotos u otros desastres naturales puedan salir de su postración gracias al agua del mar que les rodea.

Se enviaron invitaciones a algunas ONGDs pero ninguna acudió. Según averiguaciones, la razón parece ser que las ideas y realizaciones actuales no son creíbles: ¿cómo la ingesta de agua de mar va a curar ciertas enfermedades (ahorrando dinero en medicinas), y cómo van a desarrollarse cultivos de plantas con agua de mar (contribuyendo a paliar el hambre y a elevar el nivel de vida de los agricultores ribereños)? El miedo a lo desconocido impele a seguir gastando mucho más dinero en cosas ya probadas que gastarse mucho menos probando a repetir experiencias que en otros sitios –y por testimonio directo de sus actores- tienen resultados espectaculares…

He aquí algunas de las ideas expuestas en la ponencia:

  • Los resultados en el área de la salud llevan siendo constatados desde hace más de un siglo: fue René Quinton, un sabio francés autodidacta quien descubrió a finales del s. XIX que la constitución química del agua de mar era semejante al agua de nuestro medio interno (sabido es que no menos de un 70% de nuestro cuerpo es agua). Así Quinton estableció la identidad fisiológica entre el plasma marino y el plasma humano. Por ello, Pasteur que utilizaba vacunas específicas contra un microbio concreto, tuvo que darle la razón a Quinton pues su suero era genérico e inespecífico y por ello más eficaz para cualquier enfermedad causada por microbios patógenos. De hecho Quinton logró acabar con una epidemia de cólera infantil en Egipto. También, inyectándola por vía venosa o subcutánea, logró vencer el tifus y la tuberculosis. Se poseen informes médicos españoles como el de la Dra. Mª Jesús Clavera  sobre mejoras o curaciones en enfermedades del sistema digestivo y del inmunitario siendo más conocidos y aceptados sus efectos salutíferos en enfermedades de la piel y como antiinfeccioso.
  • Igual éxito se viene teniendo en el campo de la desnutrición infantil: el agua de mar no es potable pero sí bebible, de modo que ingerida en dosis adecuadas, isotonizándola de un modo sencillo y gratuito, se viene consiguiendo aumento de peso sobre todo en los niños. Tampoco es un alimento, pero sí un nutriente (nutre mucho mejor que muchos alimentos). Nada extraño, ya que el agua de mar contiene casi todos los minerales de la tabla periódica de los elementos, aparte de vitaminas, proteínas, azúcares, aminoácidos y oligoelementos. El experimento en 2004 de los “siete náufragos voluntarios” del Dr. Gracia, que subsistieron en perfecto estado de salud en el mar sin alimentos ni agua potable durante una semana, puso punto final a cualquier discusión elucubradora: contra facta non valent argumenta. Contra los hechos no valen los argumentos.
  • Los “Dispensarios marinos” son lugares cercanos a la costa donde se distribuye gratuitamente el agua de mar. Esa agua ha venido trasportada por voluntarios desde su lugar de recogida, la playa. Puede bastar un tanque o dos de plástico con su boquilla para llenar bidones o botellas. Suelen estar controlados por algún médico para hacer un seguimiento de la mejora en nutrición y salud de los que beben esa agua.
  • Un ejemplo es el de Managua controlado por la Dra. Mª Teresa Ilari en la clínica Santo Domingo de los jesuitas existiendo otros ochenta en el resto del país. El dispensario, además de almacén de distribución, funciona como Centro de animación de promotores (formación) y como Consultorio médico ya que la ingesta de agua de mar está considerada en Nicaragua como una de las ramas de Medicina natural. Y se presentó como Talasoterapia en la Universidad Centroamericana de los jesuitas.
  • Los “Oasis marinos” son zonas desérticas prioritariamente de países pobres en las proximidades de la costa donde se cultivan con agua de mar algunas especies vegetales halofitas (o halófilas) tales como la salicornia bigelovii y la batis marítima. El oasis puede constar o bien de pozos cercanos a la costa donde se pueda recoger el agua, o bien de lenguas de mar que entran en tierra donde sea fácil canalizarla hacia el terreno de cultivo. De la salicornia se consigue un aceite semejante al de oliva y varias harinas con un alto valor proteínico y de hidratos de carbono, y madera para construcción.

Se recuperan así manglares, marismas y terrenos salobres para la agricultura. Una ventaja añadida es que los cultivos de salicornia y batis marina liberan gran cantidad de oxígeno y fijan al suelo gran cantidad de dióxido de carbono, contribuyendo así a mejorar los efectos de la contaminación y en definitiva del calentamiento global.

También se han hecho experimentos de agricultura marina con agua de mar diluida con tomates, maíz, etc. con resultados de elementos antioxidantes y anticancerígenos. Según Agrovida, revista agroecológica nicaragüense, China está llevando a cabo desde hace una década un programa experimental de verduras (tomates, berenjenas y pimientos rojos…) regadas con agua de mar sin tratar en la playa de Haiku con un programa de la Universidad de Hainan  consistente en el injerto de elementos de plantas halofitas a través de sus tubos poliníferos. Han calculado que 13 millones de hectáreas van a bastar para alimentar a 150 millones de personas.

 En fin, es necesario vencer los prejuicios contra el agua de mar. Los hechos se imponen y los prejuicios sólo sirven para continuar en los exiguos logros actuales con presupuestos a los que se les podía sacar más provecho. Facta, non verba (hechos, no palabras) es el refrán latino que orienta este ya multisecular  aprovechamiento del agua de mar que ya conocían los griegos y romanos del mundo clásico.

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